
México perdió 1.07 millones de hectáreas de bosque: la otra cara del suelo
El dato
Cada vez que en el sector inmobiliario hablamos de “suelo”, hablamos de disponibilidad, precio, reserva territorial, vocación. Hay una cifra publicada esta semana que obliga a hablar de otra cosa: lo que ese suelo era antes de ser suelo.
Entre 2019 y 2024, México registró una pérdida total de 1 millón 67 mil 988 hectáreas de vegetación forestal por cambio de uso de suelo, equivalente a un promedio de 177 mil 998 hectáreas por año. En el mismo periodo, los incendios alcanzaron niveles históricos en 2024, con más de 1.6 millones de hectáreas siniestradas, reflejo de eventos extremos asociados al cambio climático y de prácticas inadecuadas en el uso del fuego.
Por qué es un tema inmobiliario
La primera reacción ante un dato así es tratarlo como un asunto ambiental, ajeno al negocio de la vivienda. Es un error de encuadre, y conviene explicar por qué.
El cambio de uso de suelo es el acto administrativo con el que empieza casi todo desarrollo. Un polígono forestal o de vocación agrícola se convierte en suelo urbanizable mediante una decisión de política territorial. Ahí nace el fraccionamiento, el parque industrial, la mancha urbana. Cuando el país registra un millón de hectáreas de cambio en cinco años, esa cifra no es solo una estadística ecológica: es la medida física de cuánto suelo se transformó para dar cabida a la expansión de las actividades humanas.
La segunda razón es de costos. El suelo que se pierde por deforestación o degradación no siempre es el suelo que la ciudad necesita: muchas veces es suelo periférico, sin servicios, sin agua y sin transporte. Cuando la expansión se hace hacia allá, el costo de dotación —agua, drenaje, energía, vialidades— termina recayendo sobre el municipio o, peor, sobre los propios habitantes en forma de colonias sin infraestructura. La ecuación es engañosa: el suelo parece barato porque la factura de la infraestructura todavía no llegó.
La tercera razón es de riesgo. Una hectárea deforestada en la periferia de una ciudad no solo pierde vegetación: pierde capacidad de infiltración, de regulación térmica y de retención de agua. Los efectos regresan en forma de inundación, deslave y presión sobre el acuífero —y esos costos se descuentan en el valor de las viviendas y en las primas de seguro de las zonas afectadas.
Y hay un elemento humano que la cifra esconde y que merece visibilidad total: la vegetación forestal mexicana tiene alta proporción de propiedad social. El patrimonio forestal se encuentra en gran medida en 16,953 ejidos, pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, donde viven 11.9 millones de personas distribuidas en 103,605 localidades, la mayoría con altos niveles de marginación y rezago social.
Eso significa que el cambio de uso de suelo no ocurre en un vacío: ocurre, muy frecuentemente, en territorios donde vive población con derechos reconocidos y capacidades limitadas de defensa jurídica. Cualquier lectura del desarrollo urbano que ignore este punto estará incompleta —y no lo decimos en abstracto: es exactamente el territorio donde se dan las disputas por tenencia de tierra, los litigios agrarios y, en los casos más graves, el despojo.
Nuestra lectura
El sector inmobiliario no puede abordar la sostenibilidad como una capa de comunicación: la publicación de imágenes de azoteas verdes y certificaciones al final del proceso. Los datos dicen que el punto crítico está mucho antes: en la decisión de qué suelo se transforma y qué suelo se conserva. Ahí se define el perfil ambiental, económico y social de una ciudad por décadas.
La buena noticia es que hay modelos maduros y aplicables. La densidad bien planeada consume menos suelo que la expansión de baja densidad: es el mismo número de viviendas ocupando una fracción del territorio. El financiamiento verde ya tiene instrumentos para proyectos urbanos con criterios verificables. Y el aprovechamiento del suelo ya urbanizado —infill, reconversión de usos, regeneración de polígonos subutilizados— es la alternativa técnica más sólida al patrón de crecimiento que consumió el millón de hectáreas.
Existe también una lección de método que el sector puede aplicar este año, sin esperar a nada: medir el suelo por su vocación, no por su precio. Un predio sin aptitud forestal, con servicios disponibles y dentro del área urbana consolidada es una oportunidad. Un predio forestal, sin servicios, aislado y barato no es una oportunidad: es una obligación futura de infraestructura disfrazada de precio bajo. La distinción no es idealismo, es análisis de costo total.
Y para los desarrolladores que trabajan en el territorio ejidal y comunal, la conclusión es de método, no de moral: la seguridad jurídica de un proyecto empieza por la asamblea. Cualquier desarrollo sobre propiedad social que no tenga la ruta legal completa —asamblea, ordenamiento, formalización— carga un riesgo que no se mide en el papel pero aparece en la obra.
La pregunta no es si México va a seguir construyendo. Va a seguir construyendo. La pregunta es dónde, y esa decisión se está tomando hoy, hectárea por hectárea.
Para el lector
Si vas a comprar vivienda en una zona de expansión reciente. Verifica el uso de suelo del predio y la licencia del desarrollo en el municipio. Una vivienda sobre suelo que fue forestal o agrícola recientemente puede tener restricciones, pendientes de regularización o carencias de servicios que no son visibles en el recorrido de venta.
Si tienes un predio en zona forestal o de vocación agrícola. La restricción ambiental no es un obstáculo técnico menor: es determinante del uso que puedes darle y de su valor real. Consulta la zonificación vigente antes de cualquier cálculo de rentabilidad.
Si eres poblador de un núcleo ejidal o comunal. Toda decisión sobre el uso de la tierra común pasa por la asamblea y por procedimientos formalizados. Desconfía de cualquier esquema que prometa inversión sin ese recorrido —y busca acompañamiento jurídico antes de firmar, no después.
Y una idea para llevar a las decisiones municipales. El crecimiento de una ciudad se puede planear con un número simple: cuántas hectáreas por cada mil viviendas nuevas. Ciudades que se miden con ese indicador toman mejores decisiones que las que solo reaccionan a solicitudes de cambio de uso de suelo.
Fuentes
- La Jornada — “Riqueza forestal de México registra pérdida total de un millón 67 mil hectáreas por cambio de uso de suelo”: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/09/15/sociedad/riqueza-forestal-de-mexico-registra-perdida-total-de-un-millon-67-mil-hectareas-por-cambio-de-uso-de-suelo
- La Jornada Maya — “Por cambio de uso de suelo, México perdió 2.5 millones de hectáreas”: https://www.lajornadamaya.mx/nacional/189372/por-cambio-de-uso-de-suelo-mexico-perdio-2-5-millones-de-hectareas
- Gaceta UNAM — “La principal amenaza para los bosques: el cambio de uso de suelo”: https://www.gaceta.unam.mx/la-principal-amenaza-para-los-bosques-el-cambio-de-uso-de-suelo/
SEO Metadata
- Meta Description: México perdió 1,067,988 hectáreas de vegetación forestal entre 2019 y 2024. La cifra que redefine el debate sobre suelo, ciudad y producción de vivienda.
- Keywords: cambio de uso de suelo, deforestación México, desarrollo urbano sostenible, reserva territorial, propiedad social, densidad urbana
- Slug: mexico-perdida-millon-hectareas-bosque-uso-de-suelo
- OG Image: assets/mexico-perdida-millon-hectareas-bosque-uso-de-suelo.jpg
